La psicología de Metta


La Psicología de Mettà

Los comentarios Pali explican que:
Uno ama a todos los seres:
a) al no hostigar a ningún ser, así evita el hostigamiento;

b) al ser inofensivo (hacia todo ser), así evita la ofensividad;

c) al no torturar (a ningún ser), así evita la tortura;
d) al no destruir (ninguna vida), así evita la destructividad;
e) al no exasperar (a ningún ser), así evita la exasperación;
f) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres sean amistosos y carezcan de hostilidad”;
g) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres sean felices y carezcan infelicidad”;
h) al proyectar el pensamiento, “Que todos los seres gocen de bienestar y carezcan de aflicción”;


En estas ocho maneras uno ama a todos los seres; por lo tanto, esto es llamado amor universal. Y puesto que uno concibe (interiormente) esta cualidad (del amor), ella es de la mente. Y como esta mente es libre de todo pensamiento de malevolencia, el agregado del amor, la mente y la liberación son definidos como amor universal que conduce a la liberación de la mente.

Del pasaje anterior vemos que mettà implica la “disminución” de los rasgos negativos por una enérgica puesta en práctica de las correlativas virtudes positivas. Es sólo cuando uno practica enérgicamente el no-hostigamiento hacia todos los seres que puede disminuir la tendencia de hostigar a los demás. Del mismo modo, es con las otras cualidades de inofensividad, no-tormento, no-destrucción y no-exasperación en acto, palabra y pensamiento que uno puede disminuir las características negativas de ser ofensivo, de atormentar a otros, de destructividad y de exasperación. Además de tal conducta positiva y principio de vida, uno también cultiva la mente a través de una técnica específica de meditación denominada mettà-bhàvanà, que genera poderosos pensamientos de amor espiritual que crece sin límites, volviéndose auto-consciente, infinito y universal.

Pensamientos que desean que todos los seres sean amistosos y nunca hostiles, felices y nunca infelices, experimentando bienestar y nunca aflicción, implican no sólo atenuación o carencia de límites, sino también la completa liberación de la mente. De ahí lo apropiado de la expresión “amor universal que conduce a la liberación de la mente”.

En lo que respecta al significado de los cinco aspectos opuestos de mettà, hostigamiento es el deseo de oprimir o perjudicar; ofensividad es la tendencia a lastimar o herir; tortura es sinónimo de una tendencia sádica de tormento, sometiendo a otros al dolor o a la miseria; destructividad es acabar con algo o terminarlo, el rasgo de extremista e iconoclasta; exasperación es agotar, molestar o causar a otros preocupación y tensión. Cada una de estas tendencias se arraiga en la antipatía y la malevolencia, y proporciona un contraste a mettà, ya sea como modo de conducta o como estado psicológico o actitud de la mente.
La sustitución de un rasgo negativo por el opuesto positivo implica naturalmente una actitud ante la vida muy desarrollada y madura. La habilidad de no hostigar, no ofender, no torturar, no destruir y no exasperar significa un modo de comportamiento muy refinado, bello y amoroso en un mundo donde la interacción entre los seres humanos crea tanta tensión y miseria.

De acuerdo con el Visuddhimagga, mettà es un “solvente” que “diluye” no sólo nuestros propios contaminantes psíquicos de ira, resentimiento y ofensividad, sino también los de los demás. Después de tomar una actitud de amistad, incluso el hostil se vuelve un amigo.

Mettà se caracteriza como aquello que “promueve el bienestar”. Su función es “preferir el bienestar” en lugar del mal. Se manifiesta como una fuerza que “remueve el fastidio” y su causa próxima es la tendencia a ver el lado bueno de las cosas y de los seres y nunca los defectos. Mettà tiene éxito cuando ama, y fracasa cuando degenera en afecto mundano.
Queda claro en este análisis que sólo cuando uno tiende a ver lo bueno en las personas, y prefiere el bienestar de otros y, consecuentemente, es inofensivo (al remover todo fastidio o herida) y promueve activamente dicho bienestar, mettà funciona como un solvente. Se dice que el propósito último de mettà es alcanzar el insight trascendental, y si eso no es posible, al menos llevar al renacimiento en la sublime esfera del mundo de Brahma, además de traer paz interior y un saludable estado de la mente aquí y ahora. De ahí la promesa del Buddha en el Mettà Sutta:

Ya no sosteniendo creencias erróneas,

Con virtud y visión de lo fundamental,

Y habiendo superado todo deseo sensual,

Nunca de un útero uno vuelve a nacer.


El amor aparta la malevolencia, que es la más dañina de las emociones. Por eso se ha dicho: “Porque esto es el abandono de la malevolencia, amigos, a saber, la liberación de la mente forjada a través del amor universal” (Dìgha Nikàya, III. 234).

En la práctica de mettà es importante comprender las emociones que le anulan, tanto por ser parecidas como por ser distintas. El Visuddhimagga las denomina “los dos enemigos —el cercano y el remoto—”. Codicia, lujuria, afecto mundano, sensualidad, se dice que son “enemigos cercanos” porque son similares en las tendencias. El lujurioso también ve el “lado bueno” o “la belleza”, y así queda involucrado. El amor debe estar protegido contra esto para que las máscaras de estas emociones no engañen al meditador.
Malevolencia, ira y odio, son emociones distintas, por lo tanto constituyen el “enemigo remoto”. El enemigo remoto puede ser distinguido fácilmente, de modo que no hay que temerle sino que hay superarlo por la proyección de una fuerza superior, aquella del amor. Pero uno tiene que ser cauteloso con el enemigo cercano porque genera auto-engaño, que es lo peor que le puede suceder a un individuo.

Se dice que mettà comienza solamente cuando existe entusiasmo en la forma de un deseo de actuar. Habiendo comenzado mediante un fervoroso esfuerzo, sólo puede continuarse cuando los cinco impedimentos mentales —deseo sensual, malevolencia, pereza y sopor, inquietud y preocupación, y duda— son dominados. Mettà alcanza la consumación en el logro de la absorción (jhàna).

La ética de Metta


La Ética de Mettà

Ética, en el contexto buddhista, es la recta conducta que trae felicidad y paz a la mente y nunca da surgimiento a remordimiento, preocupación o inquietud. Este es el beneficio psicológico inmediato. La recta conducta también lleva a un feliz renacimiento, permitiendo a un aspirante futuros progresos en el camino hacia la liberación espiritual. Además es la base para progresar en el Dhamma aquí y ahora. En otras palabras, el recto lenguaje, la recta acción y el recto sustento del Noble Óctuple Sendero del Buddha constituyen la recta conducta en el mejor de los sentidos.
La ética buddhista es doble: la práctica de ciertas virtudes (càritta) y preceptos de abstinencia (vàritta). Càritta es hallado en el Mettà Sutta de la siguiente manera:

Debe ser hábil, honesto y justo,

Apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo.

Contento, ha de ser fácil de sustentar,
Con pocas obligaciones, y de vida simple.
Tranquilos sus sentidos, que sea prudente,
Y respetuoso, sin apego a familias.

Vàritta es cubierto por el próximo gàthà:
Además, debe refrenarse de toda acción

Que de al sabio razón para reprobarle.


Càritta y vàritta son así practicados a través del mettà expresado en la acción verbal y corporal; la felicidad interior y el deseo altruista resultantes son reflejados por el mettà de acción mental del aspirante, tal como lo encontramos en la conclusión de la estrofa:

Puedan todos estar bien y seguros,

¡Que todos los seres sean felices!


La ética de mettà, de este modo, no sólo proporciona bienestar subjetivo, o la oportunidad de progresar en el Dhamma aquí y ahora y de gozar de un feliz renacimiento en el futuro, sino también audacia y seguridad —abhayadàna y khemadàna.

Un análisis del patrón de comportamiento y rasgos recomendado por el Mettà Sutta para una interacción significativa, tanto en referencia a las personas individualmente como a la sociedad en su conjunto, nos provee de suficiente insight sobre las numerosas implicaciones del sutta para la salud mental.
Habilidad no es sólo mera eficiencia o destreza, sino hacer algo bien, considerando no causar inconvenientes a los demás. Ya que un hombre hábil puede volverse muy presumido, al practicante se le aconseja que sea “honesto y justo”, mientras es “apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo” —en efecto, una perfecta síntesis y equilibrio de rasgos.

El que tiene contento es “fácil de sustentar”. La frugalidad, por consideración a los demás, es un rasgo noble. Uno llega a mostrar refinamiento a tal punto que reduce sus propias necesidades como ejemplo para los demás y como forma de no incomodarlos. Más grosera y materialista se vuelve una persona, más aumentan sus necesidades. El criterio para juzgar la salud mental de una cierta sociedad es, de este modo, la disminución de necesidades, es decir, el elemento de la satisfacción.
Una vida materialista y egocéntrica está caracterizada no sólo por un incremento de las necesidades sino también por la inquietud, proyectándose en la existencia con muchas obligaciones e hiperactiva, carente de moderación y autocontención. Mettà, que promueve el bienestar de todos, tiene que ser naturalmente construido sobre tales cualidades de sobrio humanismo como es reflejado en el hecho de tener unas pocas tareas significativas y selectas que conducen al máximo bienestar de todos.
Vivir una vida simple, como expresión de mettà, implica una reorientación de nuestra perspectiva y conducta, incluso en nuestro mundo competitivo, ávido de placer y de mentalidad posesiva. Un hombre de vida simple es apacible, pero eficiente y efectivo, y posee contención sobre sus facultades sensoriales, siendo moderado, frugal y controlado. Para tal persona, la cultura mental a través de la meditación se torna natural y sin ningún esfuerzo: de ahí el atributo “tranquilo en sus sentidos”.

Mettà en la conducta incluye el ejercicio de la prudencia, es decir, sabiduría práctica. Es solamente la persona sabia y sagaz la que puede realmente practicar mettà en sus diversas formas en la vida diaria y en todas las modalidades de relación humana. El fariseísmo, que surge de la sensación de ser mejor o más devoto que otros, puede ser (y a menudo lo es) una máscara de práctica espiritual. Ser “respetuoso, sin apego a familias”, de este modo, es un indicador para que la persona de mettà no se complazca con hipocresías de ninguna manera.

Además, al practicante de mettà se le aconseja refrenarse de toda acción, incluyendo convenciones sociales, por la cual un sabio pueda reprobarle, como la carencia de prudencia y decoro. No es suficiente conque uno sea bueno, también tiene que parecerlo, tanto en consideración de su propio bienestar como del de los demás. Una vida ejemplar debe ser vivida para beneficio de todos, para el bienestar de la sociedad.
Una persona que vive de esta manera, ahora se sumerge en el cultivo de la ilimitada mente de mettà mediante determinadas técnicas de meditación como está previsto en la parte restante del sutta.

Mettà también es llamado paritta —una fórmula espiritual capaz de salvaguardar nuestro bienestar, protegernos contra todo peligro y rescatarnos de la desgracia y el infortunio.

Los monjes no podían permanecer y meditar en aquel hermoso bosque provisto con todas las facilidades porque las deidades eran hostiles y tuvieron que abandonar el lugar. Al armarse con la protección del Mettà Sutta, que recitaron y meditaron durante todo el viaje, en el momento en que llegaban al lugar, las deidades ya estaban esperándolos plenas de sentimientos de amistad. La hostilidad se había convertido en hospitalidad.

La protección del paritta trabaja tanto subjetiva como objetivamente. Subjetivamente, a medida que mettà limpia y fortalece la mente, también despierta el potencial inactivo, resultando en la transmutación espiritual de la personalidad. Transformada por mettà, la mente ya no es obsesionada por codicia, odio, lujuria, envidia y aquellos otros factores contaminantes de la mente que son nuestro verdadero enemigo y fuente de infortunio.
Objetivamente, mettà, como fuerza del pensamiento, es capaz de influir en cualquier mente en cualquier lugar, desarrollada o no-desarrollada. La irradiación de mettà puede no sólo calmar a una persona o remover los dardos del odio de su interior, sino que, en algunos casos, puede incluso curarla de una severa enfermedad. Es una experiencia común en los países buddhistas ver cómo la gente es curada de todo tipo de enfermedades y liberada del infortunio mediante la recitación del paritta. De modo que mettà es verdadero poder de sanación. En este sentido mettà actúa como paritta, una fórmula de sanación que proporciona protección.

Tres aspectos de Metta


Tres Aspectos de Mettà

El Mettà Sutta está compuesto de tres partes, cada una de las cuales se enfoca en un aspecto distinto de mettà. La primera parte (líneas 3 a 10) cubre aquel aspecto que requiere de una minuciosa y sistemática aplicación del amor benevolente en la conducta diaria de uno. La segunda parte (líneas 11 a 20) alude al amor benevolente como una técnica diferente de meditación o cultura de la mente que conduce al samàdhi —consciencia superior inducida por la absorción. Y la tercera parte (líneas 21 a 40) subraya un compromiso total con la filosofía del amor universal y sus extensiones personales, sociales y empíricas —amor benevolente a través de todas las actividades corporales, verbales y mentales.
Mettà ha sido identificado como aquel factor específico que “madura” el mérito acumulado (puñña) adquirido a través de las diez vías para la adquisición de mérito (dasapuñña-kiriyavatthu), como la práctica de generosidad, virtud, etc. Es mettà quien lleva a la madurez las diez exaltadas cualidades espirituales conocidas como “perfecciones” (pàramità).

De este modo, la práctica de mettà puede asemejarse a plantar un gran árbol, desde el momento en que la semilla es sembrada hasta el momento en que el árbol está pesadamente cargado con deliciosas frutas y expande ampliamente su dulce aroma, atrayendo miríadas de criaturas hacia él para disfrutar de su sabrosa y nutritiva generosidad. La germinación de la semilla y el crecimiento de la planta son ocasionados por la primera parte del sutta. En la segunda parte, el árbol, robusto y desarrollado, está totalmente cubierto con fragantes y bonitas flores, captando todas las miradas sobre sí.

Como modelo de conducta, el primer aspecto de mettà hace crecer nuestra vida como un árbol, provechosa, generosa y noble. Mettà, como meditación, genera ese florecimiento espiritual con el cual la vida entera de uno se vuelve una fuente de alegría para todos. La tercera parte contempla en esta imagen la fructificación de aquel proceso de desarrollo espiritual por medio del cual uno produce una aplicación ilimitada del amor espiritual que puede condicionar poderosamente a la sociedad en su conjunto y conducirnos a la cumbre de la realización trascendental.

La mente humana es como una mina que contiene una fuente inagotable de poder espiritual e insight. Este inmenso potencial interno de mérito puede ser explotado en su totalidad solamente a través de la práctica de mettà, como es evidente en la descripción de mettà como aquella “fuerza maduradora” que madura los méritos inactivos. El Mangala Sutta dice que sólo después de que uno haya efectuado una elevada relación interpersonal (por la frecuentación de buena compañía, etc.), elige el entorno correcto para que los méritos del pasado fructifiquen. Este hallazgo de fruición es exactamente lo que hace mettà. La mera anulación de la mala compañía viviendo en un ambiente refinado no es suficiente; la mente tiene que ser cultivada a través de mettà. De ahí la alusión a la fructificación del mérito pasado.

Introducción: que es Metta


La palabra pali mettà es un término de múltiples significados como amor benevolente, amigabilidad, buena voluntad, benevolencia, compañerismo, amistad, concordia, inocuidad y no-violencia. Los comentaristas Pali definen mettà como un fuerte deseo por el bienestar y la felicidad de los otros (parahita-parasukha-kàmanà). 

Esencialmente mettà es una actitud altruista de amor y amigabilidad a diferencia de la mera amabilidad basada en el propio interés. A través de mettà uno deja de ser ofensivo y renuncia a todo tipo de rencor, resentimiento y animosidad, desarrollando, en cambio, una mente amistosa, servicial y benevolente que busca el bienestar y la felicidad de los demás. El verdadero mettà carece de interés personal. Evoca un afectuoso sentimiento de compañerismo, simpatía y amor, que con la práctica crece sin límites y supera toda barrera social, religiosa, racial, política y económica. Mettà es, en efecto, amor universal, desinteresado y todo-abarcador.

Mettà nos convierte en una fuente pura de bienestar y seguridad para los demás. Igual que una madre da su propia vida para proteger a su hijo, así mettà sólo da y nunca desea nada a cambio. Promover el propio interés de uno es una motivación primordial de la naturaleza humana. Cuando este anhelo es transformado en el deseo de promover el interés y la felicidad de los otros, no sólo es un anhelo básico de búsqueda personal de superación, sino que la mente se vuelve universal por haber identificado su propio interés con el interés de todos. Al producir este cambio uno también promueve su propio bienestar en la mejor manera posible.
Mettà es la actitud protectora e inmensamente paciente de una madre que sortea todas las dificultades por su hijo y siempre lo ampara a pesar de su mal comportamiento. Mettà es también la actitud de un amigo que quiere darnos lo mejor para favorecer nuestro bienestar. Si estas cualidades de mettà son cultivadas adecuadamente mediante mettà-bhàvanà —la meditación del amor universal— el resultado es la adquisición de un tremendo poder interior que preserva, protege y sana tanto a uno mismo como a los demás.

Aparte de sus elevadas connotaciones, hoy mettà es una necesidad pragmática. En un mundo amenazado por todo tipo de destructividad, mettà en acto, palabra y pensamiento es el único medio constructivo para traer concordia, paz y mutuo entendimiento. En efecto, mettà es el medio supremo, puesto que constituye el principio fundamental de toda religión, como así también la base para toda actividad benevolente destinada a promover el bienestar humano.

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