La ética de Metta


La Ética de Mettà

Ética, en el contexto buddhista, es la recta conducta que trae felicidad y paz a la mente y nunca da surgimiento a remordimiento, preocupación o inquietud. Este es el beneficio psicológico inmediato. La recta conducta también lleva a un feliz renacimiento, permitiendo a un aspirante futuros progresos en el camino hacia la liberación espiritual. Además es la base para progresar en el Dhamma aquí y ahora. En otras palabras, el recto lenguaje, la recta acción y el recto sustento del Noble Óctuple Sendero del Buddha constituyen la recta conducta en el mejor de los sentidos.
La ética buddhista es doble: la práctica de ciertas virtudes (càritta) y preceptos de abstinencia (vàritta). Càritta es hallado en el Mettà Sutta de la siguiente manera:

Debe ser hábil, honesto y justo,

Apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo.

Contento, ha de ser fácil de sustentar,
Con pocas obligaciones, y de vida simple.
Tranquilos sus sentidos, que sea prudente,
Y respetuoso, sin apego a familias.

Vàritta es cubierto por el próximo gàthà:
Además, debe refrenarse de toda acción

Que de al sabio razón para reprobarle.


Càritta y vàritta son así practicados a través del mettà expresado en la acción verbal y corporal; la felicidad interior y el deseo altruista resultantes son reflejados por el mettà de acción mental del aspirante, tal como lo encontramos en la conclusión de la estrofa:

Puedan todos estar bien y seguros,

¡Que todos los seres sean felices!


La ética de mettà, de este modo, no sólo proporciona bienestar subjetivo, o la oportunidad de progresar en el Dhamma aquí y ahora y de gozar de un feliz renacimiento en el futuro, sino también audacia y seguridad —abhayadàna y khemadàna.

Un análisis del patrón de comportamiento y rasgos recomendado por el Mettà Sutta para una interacción significativa, tanto en referencia a las personas individualmente como a la sociedad en su conjunto, nos provee de suficiente insight sobre las numerosas implicaciones del sutta para la salud mental.
Habilidad no es sólo mera eficiencia o destreza, sino hacer algo bien, considerando no causar inconvenientes a los demás. Ya que un hombre hábil puede volverse muy presumido, al practicante se le aconseja que sea “honesto y justo”, mientras es “apacible en lenguaje, dócil y sin orgullo” —en efecto, una perfecta síntesis y equilibrio de rasgos.

El que tiene contento es “fácil de sustentar”. La frugalidad, por consideración a los demás, es un rasgo noble. Uno llega a mostrar refinamiento a tal punto que reduce sus propias necesidades como ejemplo para los demás y como forma de no incomodarlos. Más grosera y materialista se vuelve una persona, más aumentan sus necesidades. El criterio para juzgar la salud mental de una cierta sociedad es, de este modo, la disminución de necesidades, es decir, el elemento de la satisfacción.
Una vida materialista y egocéntrica está caracterizada no sólo por un incremento de las necesidades sino también por la inquietud, proyectándose en la existencia con muchas obligaciones e hiperactiva, carente de moderación y autocontención. Mettà, que promueve el bienestar de todos, tiene que ser naturalmente construido sobre tales cualidades de sobrio humanismo como es reflejado en el hecho de tener unas pocas tareas significativas y selectas que conducen al máximo bienestar de todos.
Vivir una vida simple, como expresión de mettà, implica una reorientación de nuestra perspectiva y conducta, incluso en nuestro mundo competitivo, ávido de placer y de mentalidad posesiva. Un hombre de vida simple es apacible, pero eficiente y efectivo, y posee contención sobre sus facultades sensoriales, siendo moderado, frugal y controlado. Para tal persona, la cultura mental a través de la meditación se torna natural y sin ningún esfuerzo: de ahí el atributo “tranquilo en sus sentidos”.

Mettà en la conducta incluye el ejercicio de la prudencia, es decir, sabiduría práctica. Es solamente la persona sabia y sagaz la que puede realmente practicar mettà en sus diversas formas en la vida diaria y en todas las modalidades de relación humana. El fariseísmo, que surge de la sensación de ser mejor o más devoto que otros, puede ser (y a menudo lo es) una máscara de práctica espiritual. Ser “respetuoso, sin apego a familias”, de este modo, es un indicador para que la persona de mettà no se complazca con hipocresías de ninguna manera.

Además, al practicante de mettà se le aconseja refrenarse de toda acción, incluyendo convenciones sociales, por la cual un sabio pueda reprobarle, como la carencia de prudencia y decoro. No es suficiente conque uno sea bueno, también tiene que parecerlo, tanto en consideración de su propio bienestar como del de los demás. Una vida ejemplar debe ser vivida para beneficio de todos, para el bienestar de la sociedad.
Una persona que vive de esta manera, ahora se sumerge en el cultivo de la ilimitada mente de mettà mediante determinadas técnicas de meditación como está previsto en la parte restante del sutta.

Mettà también es llamado paritta —una fórmula espiritual capaz de salvaguardar nuestro bienestar, protegernos contra todo peligro y rescatarnos de la desgracia y el infortunio.

Los monjes no podían permanecer y meditar en aquel hermoso bosque provisto con todas las facilidades porque las deidades eran hostiles y tuvieron que abandonar el lugar. Al armarse con la protección del Mettà Sutta, que recitaron y meditaron durante todo el viaje, en el momento en que llegaban al lugar, las deidades ya estaban esperándolos plenas de sentimientos de amistad. La hostilidad se había convertido en hospitalidad.

La protección del paritta trabaja tanto subjetiva como objetivamente. Subjetivamente, a medida que mettà limpia y fortalece la mente, también despierta el potencial inactivo, resultando en la transmutación espiritual de la personalidad. Transformada por mettà, la mente ya no es obsesionada por codicia, odio, lujuria, envidia y aquellos otros factores contaminantes de la mente que son nuestro verdadero enemigo y fuente de infortunio.
Objetivamente, mettà, como fuerza del pensamiento, es capaz de influir en cualquier mente en cualquier lugar, desarrollada o no-desarrollada. La irradiación de mettà puede no sólo calmar a una persona o remover los dardos del odio de su interior, sino que, en algunos casos, puede incluso curarla de una severa enfermedad. Es una experiencia común en los países buddhistas ver cómo la gente es curada de todo tipo de enfermedades y liberada del infortunio mediante la recitación del paritta. De modo que mettà es verdadero poder de sanación. En este sentido mettà actúa como paritta, una fórmula de sanación que proporciona protección.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...