Sila (Moralidad) en el Noble Sendero Óctuple


Por N S Goenka

Al camino del Dhamma se le llama el Noble Sendero Óctuple, noble en el sentido que quien lo sigue, está abocado a ser una persona noble de corazón, una persona santa.

El sendero se divide en tres secciones: sila, samadhi y pañña. Sila es moralidad, abstención de todo acto malsano, ya sea físico o verbal. Samadhi es la acción sana de desarrollar maestría sobre la propia mente. La práctica de ambas es útil, pero ni sila ni samadhi pueden erradicar las impurezas acumuladas en la mente. Para ello es preciso practicar la tercera parte del sendero: pañña, el desarrollo de la sabiduría, la visión cabal, que purifica totalmente la mente.

Dentro de la división de sila hay tres partes del Noble Sendero:

(1) Samma-vaca: Palabra recta, pureza de la acción verbal. Para comprender qué es pureza del habla, uno debe saber qué es impureza del habla. Decir mentiras para engañar a otros, emplear palabras duras que dañan a otros, difamar y calumniar, cotorrear y hablar por hablar son todas impurezas de la acción verbal. Lo que queda al abstenernos de todas ellas es la palabra recta.
(2) Samma-kammanta: Acción recta, pureza de la acción física. En el sendero del Dhamma sólo hay un criterio para medir la pureza o impureza de una acción, ya sea física, verbal o mental, y es saber si esa acción ayuda o daña a otros. Matar, robar, violar, cometer adulterio e intoxicarse para así no saber lo que uno está haciendo, todas ellas son acciones que dañan a otros y también a uno mismo. Cuando uno se abstiene de cometerlas, lo que queda es la acción recta.
(3) Samma-ajiva: Sustento recto. Todos deben tener un medio para mantenerse y mantener a aquellos que dependen de él, pero si este medio de vida daña a otros no es sustento recto. Puede que uno no cometa malas acciones para subsistir, pero sí está animando a otros a hacerlo; si es así, entonces uno no está practicando el sustento recto.

Por ejemplo, vender alcohol, operar una casa de juegos, vender armas de fuego, vender animales vivos o carne, no son formas buenas para subsistir. Incluso en profesiones del más alto nivel, si la motivación es la explotación de terceros, entonces uno no está practicando el sustento recto. Si la motivación es cumplir como miembro de la sociedad, contribuir con la capacidad y esfuerzos personales para el bien general y a cambio obtener una justa remuneración con que mantenerse y mantener a quienes dependen de uno, entonces se está practicando un sustento recto.

Un cabeza de familia, un laico, necesita dinero para subsistir. Sin embargo, el peligro está en que ganar dinero puede convertirse en un medio para inflar el ego: se busca recaudar tanto dinero como sea posible para uno mismo, despreciando a quienes ganan menos. Tal actitud causa daño a los demás y causa daño a uno mismo, porque cuanto más fuerte sea el ego, más alejado se está de la liberación. 

Por tanto, un aspecto esencial del sustento recto es la caridad, compartir con los demás parte de lo que uno gana. De esta forma, uno no sólo gana para beneficio propio, sino también para beneficio de los demás.

Si el Dhamma consistiera sólo en exhortaciones para abstenerse de acciones que hacen daño a otros, entonces no tendría ningún efecto. Uno puede comprender intelectualmente los peligros que acarrea realizar malas acciones y los beneficios que se obtienen al realizar buenas acciones, o se puede aceptar la importancia de sila debido a la devoción que uno sienta hacia quienes lo predican. Sin embargo, uno continua ejecutando malas acciones, porque no tiene control sobre la mente. De ahí la importancia de la segunda división del Dhamma, samadhi—desarrollo del control sobre la propia mente.

Fundamentos del Buddha-Dhamma en la práctica meditativa


Por Sayagyi U Ba Khin 

Anicca, dukkha y anatta  (impermanencia, sufrimiento y no-ego) son las tres características esenciales de las enseñanzas del Buddha. Si conoces anicca correctamente, entonces conoces dukkha como su consecuencia y anatta como la verdad última. Toma tiempo comprender las tres en su conjunto.

La impermanencia (anicca) es, por supuesto, el principio esencial que debe ser experimentado y comprendido mediante la práctica. El mero conocimiento académico sobre el Buddha-Dhamma no será suficiente para la correcta comprensión de anicca, ya que el aspecto experiencial faltará. Es sólo a través de la comprensión experiencial de la naturaleza de anicca, como un proceso siempre cambiante en tu interior, que es posible entenderla en la forma que al Buddha le hubiese gustado que la entendieras. Tanto en el tiempo del Buddha como en nuestros días, esta comprensión de anicca puede ser desarrollada por personas sin conocimiento teórico alguno sobre el Buddhismo.

Para entender la impermanencia (anicca), uno debe seguir estricta y diligentemente el Noble Sendero Óctuple, el cual está dividido en los tres grupos de sila, samadhi y pañña; moralidad, concentración y sabiduría. Sila, o vivir virtuosamente, es la base para samadhi (control de la mente, concentración mental).

Únicamente cuando el samadhi es bueno uno puede desarrollar pañña. Por lo tanto, sila y samadhi son los prerrequisitos para pañña. Pañña significa la comprensión de anicca, dukkha y anatta a través de la práctica de la Vipassana, la meditación de la visión cabal.

Ya sea que haya o no surgido un Buddha, las prácticas de sila y samadhi pueden estar presentes en el mundo humano. De hecho, éstos son el denominador común de toda fe religiosa. Sin embargo, no son medios suficientes para alcanzar la meta del Buddhismo, la erradicación total del sufrimiento. En su búsqueda, el Príncipe Siddhartha, el futuro Buddha, se dio cuenta de esto y trabajó para encontrar el camino que conduce al fin del sufrimiento. Después de un sólido trabajo de seis años, encontró la salida, se Iluminó completamente y luego enseñó a hombres y dioses a seguir el sendero que los conduciría hasta el fin de su sufrimiento.

Con respecto a esto, debemos comprender que cada acción, ya sea física, verbal o mental, deja tras de sí una fuerza activa llamada sankhara (o kamma según la terminología popular), que se registra en la cuenta de crédito o débito del individuo, según haya sido una buena o mala acción. Existe, por lo tanto, una acumulación de sankharas (o kamma) en cada uno, que funciona como fuente de suministro de la energía que sustenta la vida, que es seguida inevitablemente por el sufrimiento y la muerte. Es mediante el desarrollo del poder inherente en la comprensión de anicca, dukkha y anatta que uno es capaz de librarse de los sankharas acumulados en su propia cuenta personal.

Este proceso comienza con la correcta comprensión de anicca mientras que, paralelamente, las acumulaciones de acciones frescas y la reducción del suministro de energía que sostiene la vida están tomando lugar simultáneamente, momento a momento y día a día. El erradicar en uno mismo todos los sankharas es, por lo tanto, una empresa que puede tomar toda la vida o más. Aquel que se ha liberado de todos los sankharas llega al fin del sufrimiento, debido a que entonces ya no quedan sankharas residuales que proporcionen la energía necesaria para sostenerlo en alguna forma de vida. Al final de sus vidas los santos perfectos, a saber, los Buddhas y los arahants, pasan al parinibbana, alcanzando el fin del sufrimiento. Para nosotros ahora, que practicamos la meditación Vipassana, será suficiente si logramos comprender anicca lo suficientemente bien como para alcanzar el primer estado de ariya (una persona noble), un sotapanna, es decir, alguien que ha entrado en la corriente, aquel que no vivirá más de siete vidas hasta llegar a la erradicación del sufrimiento.

La verdad de anicca, que abre las puertas hacia la comprensión de dukkha y anatta, conduciendo progresivamente hacia el fin del sufrimiento, puede ser encontrada a cabalidad, únicamente, a través de la enseñanza de un Buddha y, mientras las enseñanzas relacionadas con el Noble Sendero Óctuple y los treinta y siete factores de la Iluminación (bodhipakkhiya dhamma) se mantengan intactos y disponibles para el aspirante.
Para progresar en la meditación Vipassana, un estudiante debe mantener la conciencia de anicca tan ininterrumpidamente como sea posible. El consejo del Buddha a los monjes es que deben intentar mantener la conciencia de anicca, dukkha o anatta en todas las posturas; ya sea sentados, de pie, caminando o tumbados. La continuidad de la conciencia de anicca, como también de dukkha y anatta, es el secreto del éxito. Las últimas palabras del Buddha, justo antes de sus últimos respiros y su partida hacia el mahaparinibbana, fueron: “La impermanencia (anicca) es inherente a todo lo compuesto. Trabaja con diligencia por tu propia salvación”. Ésta es, de hecho, la esencia de todas sus enseñanzas durante los cuarenta y cinco años de su ministerio. Si mantienes la conciencia del anicca que es inherente a todo lo compuesto, de seguro has de alcanzar la meta en el curso del tiempo.

Cuanto más te desarrolles en la comprensión de anicca, mayor será tu conocimiento de “lo que es la verdad de la naturaleza”, de modo que finalmente, no tendrás duda alguna sobre las tres características de anicca, dukkha y anatta. Sólo entonces estarás en condición de avanzar hacia el objetivo. Ahora que conoces anicca como el primer factor esencial, debes intentar comprender lo que es anicca con verdadera claridad, tan exhaustivamente como sea posible, para que así, no haya confusión en el transcurso de la práctica o la discusión.
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