Con atención, vigilancia y rectitud protege siempre las puertas de los sentidos

El Rosario de Joyas del Bodhisattva fue el primer texto de Adiestramiento mental compuesto por Atisha cuando vivía ya en Tíbet. Está dirigido a una mejora integral del individuo a través de la transformación del egoísmo en una actitud altruista. El Rosario de Joyas son consejos de Atisha dirigidos a nuestra práctica de adiestramiento mental, basada en la transformación del pensamiento, es decir, en todo momento y ante cada situación, positiva o negativa, el Dharma ha de vibrar en nuestro interior. 
Para meditar de manera eficaz es imprescindible enfocar la mente sobre un objeto virtuoso y para ello, escuchar enseñanzas y contemplarlas es fundamental. 
Estos textos son comentarios del Rosario de Joyas de Adiestramiento mental, realizados por Gueshe Tamding Gyatso, maestro y erudito reconocido en la comunidad Tibetana. 

Con atención, vigilancia y rectitud protege siempre las puertas de los sentidos

La atención es el factor mental que nos hace recordar en todo momento los consejos de nuestros Maestros, todo lo que uno ha de poner en práctica y todo lo que se debe abandonar. Esta actitud es importante, no sólo en la vida espiritual sino en cualquier tarea mundana. Sin atención, nuestra mente no funciona según sus posibilidades y cualquier trabajo resulta costoso y poco gratificante. La atención es una de las bases fundamentales para el correcto funcionamiento de nuestra mente. Al introducirnos en los senderos del Dharma, desarrollamos atención a la hora de escuchar, contemplar y meditar . Sin ella nos olvidamos rápidamente del significado de las valiosas enseñanzas recibidas. 

En sus enseñanzas Buda ilustra con el ejemplo de "los tres recipientes" la necesidad de escuchar con atención las enseñanzas. Dice: "Escucha correctamente, con atención y retén lo escuchado en tu mente". Este consejo contiene un profundo significado. Al decir Escucha correctamente, se refiere a la motivación con que se deben atender las enseñanzas: el deseo de obtener la Liberación y la Iluminación o, como mínimo, la intención de beneficiar nuestras vidas futuras. Si nos falta esta motivación y nos dejamos arrastrar por actitudes ignorantes o egoístas somos como un recipiente o vaso sucio. La  frase sigue diciendo Con atención dando a entender que no deberíamos ser como un recipiente bocabajo, es decir estando ausentes a lo que se dice. Acaba así Retén lo escuchado en tu mente significa que no deberíamos ser como un recipiente con un agujero, incapaz de retener lo que se arroja en su interior. Escuchamos las enseñanzas con atención pero no hacemos nada para retener lo que hemos escuchado. 

La atención es imprescindible para obtener la Permanencia Apacible. En la práctica de la meditación encontramos tres tipos de obstáculos básicos: la excitación, el vagabundeo mental y el hundimiento. La excitación es un estado mental que arrastra los pensamientos hacia objetos agradables que distraen nuestra atención; objetos como una buena película, nuestro novio o novia, una comida que nos apetece, etc. El vagabundeo se produce cuando, incapaces de fijar nuestra mente sobre el objeto nos entretenemos en cosas diversas, positivas o negativas. Caemos en esta falta, cuando al meditar, por ejemplo, en la impermanencia, empezamos a pensar en la compasión, apartándonos del objeto central. A veces ocurre cuando meditamos que caemos víctimas de la pesadez o el sopor, un estado mental que pertenece a la categoría del apego. Cuando éste se apodera de la mente, nos sentimos somnolientos y deseamos permanecer de alguna manera en este estado físico y mental. Este sopor nos conduce hacia el hundimiento y, aunque podemos estar concentrados, no conseguimos la suficiente intensidad. La intensidad determina la manera en que la atención sostiene el objeto de concentración. Cuando nos asalta el hundimiento se pierde la intensidad, pues la atención es débil. 

Una explicación más detallada acerca de estos obstáculos y cómo eliminarlos, se da en la sección de la Permanencia Apacible del libro Senda de Luz. Como principiantes en la práctica del Dharma y la meditación nos podemos contentar, de momento, reconociendo las distracciones que surgen en la mente, porque muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que somo víctimas de ellas. Es más, si podemos llegar a percatarnos de que han surgido, es casi siempre un rato después de su aparición. Así pues, debemos tener muy en cuenta la imperiosa necesidad de estar muy atentos a lo que ocurre en nuestras meditaciones. 

La vigilancia es el factor mental encargado de observar a cada instante lo que hacemos, así como la calidad de nuestros pensamientos. La atención y la vigilancia, son como el rey y su ministro. El rey, la atención, tiene que ser capaz de decidir l que es y lo que no es conveniente y alertar a la vigilancia que, como un ministro, corregirá inmediatamente cualquier desorden. 

En el capítulo de la "rectitud" de la Guía, su autor Shantideva presenta extensas descripciones acerca de la vigilancia, cuyo cometido es "cuidar en todo momento que la mente no caiga bajo el influjo de los engaños".

La rectitud es un factor mental cuyo objetivo consiste en evitar que los engaños nos dirijan y su aplicación nos aparta de las actividades descontroladas del cuerpo, palabra y mente. Un comportamiento desordenado es la consecuencia directa de una falta de rectitud. Para que la rectitud sea correcta debe estar imbuída de consideración hacia nosotros mismos y también hacia los demás. Así evitamos actividades negativas en función de nuestra consciencia personal y para no perjudicar a los demás. 

Si al encontrarnos solos, nos parece que podemos bajar la guardia y actuar desordenadamente es señal de que carecemos de consideración hacia nosotros mismos. En este caso, lo mejor es pensar en la inevitable ley de causa y efecto y en que los Seres Iluminados perciben todas nuestras acciones. Estos tres factores mentales mencionados, atención, vigilancia y rectitud, son imprescindibles si deseamos seguir un camino ético. 

Controlando las puertas de los sentidos, evitamos la actividad negativa y, de manera natural, nos implicamos sólo en acciones positivas. Nuestras seis facultades sensoriales: visual, auditiva, gustativa, olfativa, del tacto y mental perciben cada una de ellas su objeto respectivo. Las facultades sensoriales entran en contacto con los objetos externos y nos permiten percibirlos o experimentarlos. 

Cuando el poder o facultad sensorial de la visión entra en contacto con su objeto -cualquier forma-, generamos la consciencia visual que, inmediatamente provocará una de las tres sensaciones siguientes: agrado, desagrado o indiferencia. Por ejemplo, cuando un budista percibe la imagen del Buda, genera una sensación agradable que le induce a la fe, un estado mental positivo. Si percibe un animal que sufre, le provocará un sentimiento de compasión, cuyo estado mental también es positivo. Si, por el contrario los órganos sensoriales contactan con un objeto agradable, fácilmente se puede generar apego, que es un estado mental negativo. Mientras que si entra en contacto con un enemigo le producirá una sensación desagradable que le podría dar paso al odio. Diferentes percepciones del objeto pueden producir en la mente diferentes aflicciones. Si vemos un objeto que no trae ningún efecto específico sobre nuestros sentidos, por regla general, nos sentimos indiferentes. 

El crear karma positivo o negativo no es producido por el objeto externo que percibimos, ni por la facultad sensorial sino por la consciencia mental. 

"Proteger las puertas de los sentidos" significa evitar que surjan engaños en nuestro interior al entrar las facultades en contacto con los objetos. Si somos presa de los engaños es porque los sentidos nos han vencido. Para evitar el contacto con los muchos objetos externos que son percibidos por nuestras facultades sensoriales, los practicantes que desean meditar seriamente se retiran a lugares aislados. 

Un método para no caer bajo el influjo de los engaños es evitar entrar en contacto con los objetos que los provocan. Como principiantes, es difícil para nosotros estar cerca de los objetos y no generar engaños ya que somos muy dados a dejarnos envolver por ellos. Por otro lado, los medios que podemos aplicar cuando surgen son muy pobres todavía. Los engaños no están en los objetos externos, ni en las facultades sensoriales, sino en nuestro propio continuo mental. 

"Proteger las puertas de los sentidos" no significa reprimir las facultades sensoriales de que disponemos, sino evitar los engaños con la ayuda de la atención, la vigilancia y la rectitud; tampoco significa que debamos desprendernos de los objetos agradables, sino cambiar la relación que mantenemos con los mismos, es decir, disminuir el apego que sentimos hacia ellos. 

Mediante la atención recordamos los punto significativos relacionados con aquellas actitudes que debemos adoptar y aquellas que debemos abandonar, la vigilancia detecta las influencias negativas cuando éstas surgen y la rectitud mantiene nuestra mente disciplinada y apartada de los engaños. 

Nuestra mente está normalmente cubierta por una espesa capa de engaños, pero con el debido esfuerzo y valiéndonos del Dharma podemos eliminarlos. Para empezar abordamos los engaños más burdos, para pasar después a los más sutiles. El único método que de verdad puede purificar la mente es la práctica intensa. Ni los avances científicos, ni las técnicas psicológicas experimentales, ni siquiera el propio Buda pueden conseguir este elevado objetivo por nosotros. 

La mente es el principal factor causante de la felicidad y el sufrimiento que sentimos. Una mala intención conlleva inevitablemente una acción de esta índole, y su consecuencia es siempre sufrimiento; una buena intención crea una acción positiva y su consecuencia será felicidad. 

La mente puede dividirse en consciencias sensoriales y mentales. Las sensoriales son visual, auditiva, olfativa, gustativa y del tacto. Pero para que la consciencia visual perciba necesita su propia facultad o poder sensorial. Ver un objeto agradable, cualquiera que sea, nos hace aflorar inmediatamente nuestro apego, estado que pertenece a la consciencia mental. Ver un objeto desagradable provoca el efecto contrario, odio o rechazo. Este mismo proceso es aplicable al resto de consciencias sensoriales. 

Las consciencias sensoriales, pues causan que se produzcan en nosotros emociones conflictivas que, a su vez, son únicamente fruto de la ignorancia. 

La mente posee actitudes negativas y positivas. Las negativas son los engaños y emociones, entre las que se encuentran el apego, la envidia, la ira, el rencor, el autoaferramiento, el egoísmo y un largo etcétera. Si, analizamos sus resultados vemos lo destructivos que pueden llegar a ser. Todas ellas tienen como única función robar nuestra paz y bienestar. 

Los distintos métodos para apaciguar los diversos aspectos de los engaños fueron descritos en su totalidad por Sakyamuni Buda; estas instrucciones han ido pasando a través de una cadena o Linaje ininterrumpido hasta nuestros días. Sakyamuni Buda se responsabilizó de legarnos sus enseñanzas, pero es nuestra responsabilidad aplicarlas para alcanzar su mismo estado. 

El Noble Buda dio muchas explicaciones basadas en la lógica para probar que sus enseñanzas eran perfectas y sin mácula. En cierta ocasión dijo "No creáis en mis enseñanzas sólo porque salen de mi boca y teneis fe en mí; usad vuestra propia inteligencia y experiencia para comprobar si lo que os digo es cierto y verdadero".

En cada una de nuestras reencarnaciones tiene lugar en el seno materno, el desarrollo de las consciencias sensoriales. Con nuestra muerte, éstas desaparecen disolviéndose para siempre. Lo único que queda es la consciencia mental con sus tres diferentes niveles: burdo, sutil y muy sutil. Este último, el muy sutil, es el único nivel de la consciencia que viaja de una vida a otra y se le conoce con el nombre de l mente que reside siempre o Luz Clara. Esta mente es la que, una vez liberada de los engaños que la envuelven, se transforma en la mente búdica. 

Aunque esta mente muy sutil no es intrínsecamente una con los engaños, en el presente se ve afectada por ellos de manera inevitable. Por ejemplo, vemos que la naturaleza y la finalidad de una lámpara eléctrica consiste en dar luz, pero si está cubierta de suciedad, su brillo será muy tenue. Igual le sucede a nuestra mente, a pesar de que la mente muy sutil es intrínsecamente pura, no puede radiar su verdadera naturaleza debido a que está cubierta por la mugre de los engaños. Para liberarla de los obstáculos, el Buda aconsejo evitar acciones negativas, envolverse en actividades virtuosas y controlar la mente. 

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